martes, 12 de julio de 2011

A ti, mi querida S.


Sucedió de repente, sin querer, un día gris de Septiembre. Yo solamente llevaba unos días en la facultad, y ya estaba notando cómo el peso del aburrimiento sobrevenía a mi espíritu. Fue entonces cuando en medio de un grupo intermedio (ese eufemismo que se ha inventado el Plan Bolonia para dejarnos respirar entre sesiones magistrales) comencé a debatir con mis compañeras de mesa sobre la necesidad de la reforma de algún organismo europeo.


Tengo que reconocer que en esto de los debates siempre he sido más de ideas drásticas, o sí o no, o dentro o fuera. Un planteamiento erróneo en más de una ocasión, de eso estoy segura.
Fuera como fuese, tras exponer mi opinión alguien secundó mis palabras, y además de eso hasta facilitó argumentos que demostraban que mi posición era correcta.

Fue en ese momento cuando empezamos a hablar. Es increíble como alguien que no conoces de nada puede tener la capacidad de completar tus frases, fijarse en cosas en las que solamente tú creías fijarte y pensar de una forma tan similar a la tuya en tantos aspectos.

Ese día encontré una compañera de grupo, que más tarde se convirtió en compañera de descansos, después en amiga, y hoy es simplemente una parte de mí.
Tengo que darle las gracias por tantas cosas... que creo que no hay espacio suficiente en una entrada de blog.

Sólo quiero que sepas, mi querida Sabela, que te quiero. Que te quiero porque siempre has estado ahí, desde el primer día, preocupándote por mí y llamándome la atención cuando las cosas se me han ido de las manos.
Es curioso lo caprichoso y sabio que puede ser a veces el destino, haciéndote tomar caminos que descubrir junto a personas increíbles.

xxx

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